viernes, 27 de febrero de 2009

Lanzarote (II)

Queriendo aprovechar el día optamos por levantarnos un poco temprano, sin exagerar, para visitar Marte, digo el Parque Nacional de Timanfaya.
El símbolo del lugar, un alegre diablillo, ya da una idea de lo que nos podemos encontrar.
La primera impresión nos dice que este no es territorio para el ser humano, sino algo mucho más primigenio y poderoso ajeno a él. El respeto por este entorno hace que lo único que nos resulte familiar sea la carretera que nos lleva hasta el corazón de este dragón durmiente, si no hacemos ruído mejor, no sea que se despierte.
Llegamos al edificio construído sobre las fauces del "monstruo" en lo que se conoce como Islote de Hilario y desde el que podemos contemplar una vista apocalíptica de la isla.



Aquí sí podemos decir que cocinar sale gratis ya que, únicamente aprovechando el calor que emana del interior de este "bello durmiente", pueden prepararnos, por ejemplo, unas estupendas chuletas a la parrilla o unos pollitos bien tostados.
No es menos sorprendente que nos demuestren lo cerca que estamos de que las fuerzas telúricas se nos coman vivos arrojando unas cuantas zarzas a una pequeña sima de la que, de forma inmediata, surgen las llamas del infierno consumiendo enseguida el tributo. También nos enseñan cómo evaporar agua, sin ningún esfuerzo y sin tiempo para parpadear, al echar un cubo de agua en una especie de chimenea.
Podemos hacer una pequeña prueba: meter las manos en la tierra volcánica y comprobar que está calentita, si pasa eso bajo la suela de nuestros zapatos podemos intuir lo que sucede un poco más abajo.



Tras disfrutar de un refrigerio en estas instalaciones nos dieron una vuelta por el territorio virgen del Parque: la llamada Ruta de los Volcanes. Ni qué decir tiene que a uno le habría gustado contemplar, a prudente distancia y sabiéndose seguro, todo el proceso que originó semejante lugar y no como los lugareños que lo presenciaron, en vivo y en directo, entre 1730 y 1736 d.C. Me temo que con mucha menos curiosidad y que cambió, ni más ni menos, que la cuarta parte de la isla.
Sin duda la naturaleza se retuerce sobre sí misma para regalarnos esta joya. Los primeros signos de vida nos dicen que, de nuevo, la tenacidad de los líquenes y primeras plantas vuelve a colonizar las puertas del infierno.
Teniendo en cuenta que el paseo se realiza en autobús, sin posibilidad de bajar (para preservar el Parque frente al ser humano, irónico diría yo), las fotos que tomamos no le hicieron justicia, ni mucho menos. La que sigue es de las menos malas. Afortunadamente tenemos una muestra en la web de lanzarote virtual.



Una opción más de ocio está en la entrada a Timanfaya: un paseo en camello. La experiencia puede ser divertida según sientas el aliento del animal más o menos cerca de la nuca en la pequeña cabalgata que nos da un minipaseo por los alrededores del concurrido lugar. Llegando al Parque Nacional desde Yaiza, al sur, nos encontramos esta atracción a nuestra izquierda. Es un punto de información sobre las opciones que nos da este entorno y conocido como Echadero de camellos. Puede ser un tanto decepcionante si te esperas un viaje por las dunas del Sáhara y luego es una vuelta a la "manzana", o divertido si quieres tener una experiencia que imite, a muy pequeña escala, a Lawrence de Arabia.


La actividad volcánica de la isla tiene, entre muchos ejemplos, la zona llamada El Golfo (justo en el oeste de Lanzarote y junto al Parque Nacional). Al estar pegada a la costa tiene sus peculiaridades. Nos hacemos una idea del conjunto en una foto panorámica espectacular que nos brindan en lanzaroteisland. Si habitualmente vemos los cráteres más o menos completos tierra adentro aquí nuestro "anfitrión" vive entre dos mundos, tierra y océano, partido por las fuerzas de esos dos titanes. Parece una boca enorme petrificada que trata de engullir el mar. Un tsunami de piedra a punto de romper sobre su voluble oponente. Entre sus fauces ha conseguido atrapar la Laguna de los Ciclos con un característico color verde debido a un alga de origen marino.



Adentrándose entre olas pétreas hacia el centro de la lucha, una vez más, el viajero percibe su insignificancia frente a semejantes colosos. Solo queda callar y perderse entre viento, olas y rocas.



Para contemplar esta maravilla se puede llegar en coche por ambos extremos. El lado norte, donde está el pueblo del mismo nombre, El Golfo, y lugar en el que hicimos parada para comer.
Aquí hacemos un paréntesis y contar que disfrutamos de una delicia de pescados del día a la parrilla, con opciones como lapas con mojo picón y menos posibilidades en cuanto a carnes (comida eminentemente marinera). El restaurante Mar Azul(calle mayor,42.Tfno:928 17 31 32) nos dejó un buen sabor de boca.
Desde este pueblo, y dando unos cuantos pasos para aproximarnos al borde de esa zona de "lucha marítimo-terrestre", tendremos una perspectiva del conjunto. Si llegamos por el lado Sur nos meteremos directamente en la "boca del lobo". Un paseo por este espectáculo es casi obligado.



Poco más al sur de El Golfo nos encontramos Los Hervideros, un lugar también singular, que lleva un nombre tan apropiado por, de nuevo, el encuentro entre océano y tierra. El vulcanismo de esta isla ha determinado que en unos cuantos lugares costeros quedaran cavidades fruto de lo que en su momento fueron coladas o antiguos ríos de lava que, con la arremetida de las olas, se asemejan a enormes marmitas de agua hirviendo. En no pocas ocasiones, pueden dar un buen baño al viajero desprevenido al surgir entre las grietas o huecos, más o menos anchos, que invitan a asomarse para ver romper bajo nuestros pies el oleaje (siempre que tengamos un Atlántico inquieto y juguetón).



Al volver al hotel, en Playa Blanca, se presenta la opción de parar en las Salinas de Janubio, muy cercanas a los Hervideros, pero el día ha sido largo y nos merecemos un descanso.



2 comentarios:

Caminarsingluten dijo...

¡Hola Juan!, siempre es un placer viajar contigo, y gracias a este estupendo relato y a esas magníficas fotografías, nos hemos sentido caminando a vuestro lado por esos paisajes de Marte.

Un fuerte abrazo.

Ana y Víctor.

jucaralva dijo...

Hola Caminantes, seguro que nuestro viaje sería más placentero si visitásemos estos lugares primigenios en vuestra compañía. Tratamos este sitio como si fuera una pequeña compensación para el viajero celíaco y nos alegra mucho poder compartirlo con vosotros.

Besos y abrazos