lunes 30 de marzo de 2009

Lanzarote (y III)

El siguiente día nos dedicamos a descansar y dar "cuerda" a los niños.
Dimos una vuelta por "Puerto Rubicón", típico complejo comercial a la sombra de tantos hoteles como hay en Playa Blanca. Contemplamos los barcos amarrados y, como no, curioseamos por las tiendas.

Al atardecer nos decidimos por aproximarnos a un pueblecito que nos llamó la atención los días anteriores al regresar a nuestro "cuartel general" en el sur de la isla. Se trata de Femés, asentado en las faldas de la montaña La Atalaya, antes guarida de piratas. Visitamos su sencilla iglesia dedicada al patrón de la isla, San Marcial de Limoges, y paseamos sus blancas calles, pero nos atrae irremediablemente su espectacular mirador a 450 metros sobre el océano atlántico. Un lugar desde el que podemos contemplar Montaña Roja, Playa Blanca y la parte sur de la isla. Más allá de la línea mar-tierra tenemos una cita con la puesta de sol.




La jornada siguiente nos decidimos por el interior de la isla para lo cual empezamos por visitar la zona de La Geria, todo un ejemplo de cómo sacar el máximo partido a la tierra volcánica que nos rodea. El resultado es un paisaje peculiar al buscarse la humedad en un terreno aparentemente estéril para convertir la viñas y su fruto en el conocido Malvasía. Vino del que han disfrutado desde Carlos III a Walter Scott o William Shakespeare. Hay varias bodegas que ofrecen degustación de caldos acompañados de, por ejemplo, un queso típico del lugar.



Proseguimos hacia nuestra siguiente parada: el Jardín de Cactus ideado, una vez más, por César Manrique. Todo un elaborado muestrario de estas plantas tan peculiares para nosotros de formas y tamaños de lo más variopinto. Está situado en la localidad de Guatiza, municipio de Teguise. La forma del recinto, imitando un volcán, y la exposición de las variedades de cactus en terrazas concéntricas, por las que se puede pasear, nos llamó poderosamente la atención.



Se hace más llevadero si, como en nuestro caso, el calor aprieta en este "minihorno" y nos acercamos al bar que está situado a media altura del "cráter" y nos tomamos un refresco mientras contemplamos tranquilamente este singular espacio.



Olvidarse del reloj trae sus consecuencias entre las que nos asalta el paso de las horas y buscar donde comer antes de que sea demasiado tarde. Nos acercamos al restaurante llamado Lag-O-Mar en Nazaret, municipio de Teguise. Desgraciadamente, desde el punto de vista del celíaco, no había prácticamente nada que poder llevarse a la boca: todo rebosaba gluten por los cuatro costados, así que tuvimos que recurrir a un socorrido filete a la plancha y ensalada.



Si la comida para celíacos nos defraudó no podemos decir lo mismo del entorno volcánico en el que está construído. Aprovechando cada rincón, cada sombra de este pequeño laberinto nos encontramos unas escaleras, un pasadizo o un lugar para sentarse al amparo de una refrescante sombra.
En su día fue una casa diseñada para el actor Omar Sharif dándole un aire oriental en alguno de sus rincones. No andaba muy lejos el toque de César Manrique. También está concebido el lugar como centro cultural. Desde luego, el ambiente se presta a ello con conciertos (los domingos Jazz), debates, moda, incluso hay club de tenis y la posibilidad de alquilar dos apartamentos. No olvidar la "marcha" nocturna, las noches tienen su espacio bajo este risco de Nazaret.



La tranquilidad del restaurante hizo que nos retrasáramos en nuestros planes para seguir conociendo Lanzarote. Nuestro siguiente objetivo fue la Fundación César Manrique que ocupa lo que en su momento era su casa en Taro de Tahíche, municipio de Teguise.
La citada fundación busca difundir y conservar toda la obra del artista así como promover actividades culturales y medioambientales.



En el primer piso tenemos salas de exposiciones bajo una arquitectura que imita la típica lanzaroteña, pero con innovaciones modernas como pueden ser grandes ventanales que parecen mostrarnos todo un cuadro de la fuerza expresiva de la naturaleza con el contraste lava-cielo como motivo casi exclusivo.
En el caso del piso inferior tenemos toda una adaptación a las fisuras, recovecos y huecos de la colada volcánica con el típico contraste de rocas oscuras y la mano del artista de un blanco inmaculado. Pasillos estrechos para comunicar las distintas salas que, a su vez, presentan una decoración sencilla. Como colofón nos encontramos una pequeña piscina al abrigo de los vientos. Todo ello complementado con vegetación típica de la isla buscando un equilibrio entre lava, plantas y mano del hombre.
Nos parece que la visita a la fundación es imprescindible para darnos cuenta de lo que supone César Manrique para la isla y su búsqueda de la integración paisaje natural y obra humana.



Las sensaciones que nos deja la visita nos acompañan a medida que anochece hasta nuestro siguiente objetivo que no tiene nada que ver, pero el tam-tam que nos rodea nos dice que no podemos dejar la isla sin acudir: Puerto del Carmen.
Como en tantos lugares turísticos partiendo de un pueblo de pescadores se ha ido desarrollando toda una industria del ocio alrededor del puerto y el casco antiguo. Tenemos un conglomerado de pubs, bares, restaurantes, discotecas, tiendas y centros comerciales a lo largo de la Avenida de las Playas. Si te apetece quedarte por aquí tendrás también, como complemento, numerosas actividades deportivas durante el día.
Después de darnos un paseo y comprobar la cantidad de locales que viven la noche, entre los que vimos braserías con grandes posibilidades para un pescado fresquísimo expuesto para la clientela o una carne que invita a hincarle el diente, no nos pareció una mala idea acabar la visita aquí.



viernes 27 de febrero de 2009

Lanzarote (II)

Queriendo aprovechar el día optamos por levantarnos un poco temprano, sin exagerar, para visitar Marte, digo el Parque Nacional de Timanfaya.
El símbolo del lugar, un alegre diablillo, ya da una idea de lo que nos podemos encontrar.
La primera impresión nos dice que este no es territorio para el ser humano, sino algo mucho más primigenio y poderoso ajeno a él. El respeto por este entorno hace que lo único que nos resulte familiar sea la carretera que nos lleva hasta el corazón de este dragón durmiente, si no hacemos ruído mejor, no sea que se despierte.
Llegamos al edificio construído sobre las fauces del "monstruo" en lo que se conoce como Islote de Hilario y desde el que podemos contemplar una vista apocalíptica de la isla.



Aquí sí podemos decir que cocinar sale gratis ya que, únicamente aprovechando el calor que emana del interior de este "bello durmiente", pueden prepararnos, por ejemplo, unas estupendas chuletas a la parrilla o unos pollitos bien tostados.
No es menos sorprendente que nos demuestren lo cerca que estamos de que las fuerzas telúricas se nos coman vivos arrojando unas cuantas zarzas a una pequeña sima de la que, de forma inmediata, surgen las llamas del infierno consumiendo enseguida el tributo. También nos enseñan cómo evaporar agua, sin ningún esfuerzo y sin tiempo para parpadear, al echar un cubo de agua en una especie de chimenea.
Podemos hacer una pequeña prueba: meter las manos en la tierra volcánica y comprobar que está calentita, si pasa eso bajo la suela de nuestros zapatos podemos intuir lo que sucede un poco más abajo.



Tras disfrutar de un refrigerio en estas instalaciones nos dieron una vuelta por el territorio virgen del Parque: la llamada Ruta de los Volcanes. Ni qué decir tiene que a uno le habría gustado contemplar, a prudente distancia y sabiéndose seguro, todo el proceso que originó semejante lugar y no como los lugareños que lo presenciaron, en vivo y en directo, entre 1730 y 1736 d.C. Me temo que con mucha menos curiosidad y que cambió, ni más ni menos, que la cuarta parte de la isla.
Sin duda la naturaleza se retuerce sobre sí misma para regalarnos esta joya. Los primeros signos de vida nos dicen que, de nuevo, la tenacidad de los líquenes y primeras plantas vuelve a colonizar las puertas del infierno.
Teniendo en cuenta que el paseo se realiza en autobús, sin posibilidad de bajar (para preservar el Parque frente al ser humano, irónico diría yo), las fotos que tomamos no le hicieron justicia, ni mucho menos. La que sigue es de las menos malas. Afortunadamente tenemos una muestra en la web de lanzarote virtual.



Una opción más de ocio está en la entrada a Timanfaya: un paseo en camello. La experiencia puede ser divertida según sientas el aliento del animal más o menos cerca de la nuca en la pequeña cabalgata que nos da un minipaseo por los alrededores del concurrido lugar. Llegando al Parque Nacional desde Yaiza, al sur, nos encontramos esta atracción a nuestra izquierda. Es un punto de información sobre las opciones que nos da este entorno y conocido como Echadero de camellos. Puede ser un tanto decepcionante si te esperas un viaje por las dunas del Sáhara y luego es una vuelta a la "manzana", o divertido si quieres tener una experiencia que imite, a muy pequeña escala, a Lawrence de Arabia.


La actividad volcánica de la isla tiene, entre muchos ejemplos, la zona llamada El Golfo (justo en el oeste de Lanzarote y junto al Parque Nacional). Al estar pegada a la costa tiene sus peculiaridades. Nos hacemos una idea del conjunto en una foto panorámica espectacular que nos brindan en lanzaroteisland. Si habitualmente vemos los cráteres más o menos completos tierra adentro aquí nuestro "anfitrión" vive entre dos mundos, tierra y océano, partido por las fuerzas de esos dos titanes. Parece una boca enorme petrificada que trata de engullir el mar. Un tsunami de piedra a punto de romper sobre su voluble oponente. Entre sus fauces ha conseguido atrapar la Laguna de los Ciclos con un característico color verde debido a un alga de origen marino.



Adentrándose entre olas pétreas hacia el centro de la lucha, una vez más, el viajero percibe su insignificancia frente a semejantes colosos. Solo queda callar y perderse entre viento, olas y rocas.



Para contemplar esta maravilla se puede llegar en coche por ambos extremos. El lado norte, donde está el pueblo del mismo nombre, El Golfo, y lugar en el que hicimos parada para comer.
Aquí hacemos un paréntesis y contar que disfrutamos de una delicia de pescados del día a la parrilla, con opciones como lapas con mojo picón y menos posibilidades en cuanto a carnes (comida eminentemente marinera). El restaurante Mar Azul(calle mayor,42.Tfno:928 17 31 32) nos dejó un buen sabor de boca.
Desde este pueblo, y dando unos cuantos pasos para aproximarnos al borde de esa zona de "lucha marítimo-terrestre", tendremos una perspectiva del conjunto. Si llegamos por el lado Sur nos meteremos directamente en la "boca del lobo". Un paseo por este espectáculo es casi obligado.



Poco más al sur de El Golfo nos encontramos Los Hervideros, un lugar también singular, que lleva un nombre tan apropiado por, de nuevo, el encuentro entre océano y tierra. El vulcanismo de esta isla ha determinado que en unos cuantos lugares costeros quedaran cavidades fruto de lo que en su momento fueron coladas o antiguos ríos de lava que, con la arremetida de las olas, se asemejan a enormes marmitas de agua hirviendo. En no pocas ocasiones, pueden dar un buen baño al viajero desprevenido al surgir entre las grietas o huecos, más o menos anchos, que invitan a asomarse para ver romper bajo nuestros pies el oleaje (siempre que tengamos un Atlántico inquieto y juguetón).



Al volver al hotel, en Playa Blanca, se presenta la opción de parar en las Salinas de Janubio, muy cercanas a los Hervideros, pero el día ha sido largo y nos merecemos un descanso.



sábado 31 de enero de 2009

Lanzarote (I)

Sin duda, uno de los objetivos característicos de las vacaciones para muchos españoles y también de otras partes del mundo, sobretodo de Europa, son las Islas Canarias.

Si, además, con los años has ido visitando algunas de estas islas empiezas a hacerte una pequeña composición de lugar y a "clasificarlas" en tres tipos distintos atendiendo a un criterio tan válido como otro cualquiera como es el caso de la abundancia o ausencia de vegetación. Por una parte, las más occidentales que serían las que te llenan la vista con su verdor; en segundo lugar, las islas orientales digamos las más secas y cercanas al continente africano y un tercer grupo, las centrales, que no son ni uno ni otro caso.

Nuestro objetivo, esta vez, fue una de las islas afortunadas del lado oriental, quizás la que nos conecta más íntimamente con las fuerzas de la naturaleza que tenemos bajo nuestros pies: Lanzarote.

El cuartel general lo plantamos en el sur de la isla, en Playa Blanca. Desde aquí, y previo alquiler de coches, nos dedicaríamos a explorar la isla ya con referencias previas, muy concretas, para aprovechar el tiempo.






Iniciamos nuestro periplo en el lado opuesto de la isla, al norte, en lo que se conoce como El Mirador del Río (toma el nombre del brazo de mar que separa La Graciosa y Lanzarote al que se llama El Río). Aquí tenemos una de las muchas obras que el artista (arquitecto, pintor, escultor) César Manrique tiene diseminadas por toda la isla y que, en mayor o menor medida, le hacen omnipresente. Lo que era una antigua construcción militar pasó a ser un singular y espectacular mirador a 479 m. sobre el nivel del mar. Ya sea desde los ventanales de la cafetería, el paseo que lo rodea o desde su terraza podemos contemplar el arquipiélago Chinijo. En la nebulosa de la memoria te viene a la mente la clase de geografía y la enumeración de las islas Canarias con la Graciosa y Alegranza, que vemos perfectamente a nuestro frente, como guindas de un conjunto fascinante y, por entonces, muy lejano.
Si volvemos la vista hacia nuestra izquierda vemos la recortada y telúrica costa de la isla que visitamos(costa NW). Tenemos el Risco de Famara con la playa surfera a sus pies (oleaje y corrientes marinas peligrosos) y Las Salinas del Río bajo nuestras narices con yacimientos prehistóricos. Si uno quiere visitar esta última zona debe ir bien equipado y con víveres para todo el día ya que el acceso no es fácil.






Siguiendo ruta nos dirigimos a "La Cueva de los Verdes" (costa NE) en el dominio del Monte Corona, volcán al que hace "muy poco", apenas 3000-4500 años, se le ocurrió cambiar la parte norte de la isla y "decorarla" a su antojo. Fruto de este empeño tenemos bajo la capa superior de la colada de lava todo un conjunto de grutas y galerías subterráneas, de unos dos kilómetros, para las que hay pequeñas excursiones. Este complejo servía a los habitantes de la isla para esconderse y así evitar a los cazadores de esclavos y piratas berberiscos a partir del s. XVII. El recorrido nos muestra el "capricho estético" de las fuerzas naturales y se incluye un Auditorio que forma parte del Festival de Música Visual de Lanzarote. Desde un punto de vista científico no es muy difícil imaginar que supone un interesante lugar de observación del comportamiento de la Tierra. Se ensayan nuevas técnicas de estudio, gracias a un centenar de sensores instalados, colaborando centros científicos nacionales (como el Instituto de Astronomía y Geodesia) e internacionales.

Foto tomada de la web del Instituto de Astronomía y Geofísica.


Como el hombre es un animal de costumbres y, siempre que puede, hace un alto para reponer fuerzas esto es lo que nos sugirió nuestro estómago. Nos dirigimos a Arrieta y nos permitimos el homenaje de un popourri de pescados típicos de la isla, eso sí, sin gluten.

Volviendo sobre nuestros pasos al Malpaís de la Corona visitamos "Los Jameos del Agua". El nombre le viene, según parece, de la lengua aborigen y se refiere al hueco que queda al caerse el techo de una cueva volcánica.
Por un lado, tenemos el llamado Túnel de la Atlántida, es una gruta sumergida que se adentra en el océano hacia el Este. Solo el nombre nos dispara la imaginación evocando civilizaciones más o menos idealizadas.
Por otra pare, de la mano del siempre presente César Manrique nos "sumergimos", a través del llamado Jameo Chico, en un espacio lleno de contrastes. Pasando por el bar-restaurante, bajamos para encontrarnos un lago subterráneo que da al conjunto de la cueva una fascinante atmósfera de serenidad con un agua salada y transparente que parece relajarnos de forma casi inmediata. Andando pausadamente por la pasarela podemos ver los minúsculos y albinos cangrejos ciegos endémicos que parecen sacados de otro ambiente natural y puestos aquí por una misteriosa mano ¿atlántida?. Hay un contraste de color apabullante entre estos crustáceos y el entorno negro en el que viven. Al otro lado de la cueva subimos, poco a poco, a superficie, pero nos asaltan nuevas sensaciones: una piscina de un blanco deslumbrante, en lo que se llama el Jameo Grande, con vegetación acorde al lugar y rodeada de unas paredes volcánicas, casi negras, que le ponen límites al conjunto, pero no a nuestra imaginación. Parece un oasis en un medio tan poco acogedor como el volcánico.

Foto tomada de la página web de ciao.es


De nuevo en superficie nos encontramos la Casa de los Volcanes que nos da una interpretación de lo que es el proceso de erupción y posterior evolución de todo este paisaje.

Un cúmulo de sensaciones nos acompaña en nuestra vuelta al hotel,aunque todavía no es muy tarde, ya es hora de descansar. Un viaje también es relajarse y comentar lo vivido y por vivir: sigamos haciendo planes.



martes 9 de diciembre de 2008

Monasterio de Montserrat

Después de la experiencia, a vuelapluma, de la visita a Barcelona no podíamos perder la ocasión de conocer un monasterio como el de Montserrat.
Ya el día anterior nos habíamos informado de los horarios de trenes que nos acercarían al cenobio. La estación de Plaza de España era nuestro lugar de partida y final de trayecto. Pero como llegamos un pelín tarde a coger el cercanías nos dimos una vuelta por los alrededores de la estación haciendo tiempo hasta la siguiente salida. Así pudimos ver la entrada a lo que fue la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 (las Torres Venecianas), visitar algún que otro comercio o comprar algún refresco en el entorno de la Plaza.
Una vez instalados en el tren había un primer tramo que nos llevaba, como cualquier línea de "metro", por las entrañas de la ciudad. Luego, pudimos ver el cambio paulatino de zonas industriales hasta un paisaje muy distinto en el que se encontraba nuestra meta: la comarca del Bages. Primera parada Monistrol para coger allí mísmo un tren cremallera que salvara la diferencia de altitud con el monasterio benedictino que está a 725m sobre el nivel del mar (una parada antes, en el recorrido del tren junto al río Llobregat, nos ofrece la posibilidad de subir en teleférico). El paisaje que vamos contemplando durante la subida va apagando nuestros comentarios para dedicar los cinco sentidos a todo lo que nos rodea.



El nombre de Montserrat alude a la silueta que tienen estas montañas que se asemejan a la hoja dentada de una sierra de ahí el nombre Mont-serrat (montaña serrada). Llaman la atención las dimensiones del conglomerado que forma este relieve tan particular y que, en conjunto, parece brotar de una zona mucho más llana. Esto, modelado por la mano del tiempo, ha originado una multitud de formas que, asociadas por la imaginación del lugar a figuras humanas o animales, son los ingredientes imprescindibles para crear leyendas buscando una explicación fantástica a sus orígenes.

Al salir de la estación tenemos una pequeña oficina de información en la que nos ofrecen planos, guías o, si preferimos, podemos alquilar grabaciones (previo pago y dejando el DNI en depósito) con las que, en determinados puntos indicados en todo el complejo benedictino, escuchar las explicaciones sobre lo que nos rodea (con auriculares, claro).
Decidimos visitar la basílica (privilegio otorgado por el Papa León XIII en 1881) antes de comer y pudimos contemplar la gran obra que comenzó en el s. XVI, pero que tuvo que ser reconstruída en el s. XIX tras la Guerra de la Independencia. Es una sola nave con varias capillas alrededor que muestran una gran riqueza artística de lo que da una idea un pequeño paseo virtual.





Fue una pena no poder disfrutar de la Escolanía considerada la escuela de canto más antigua de Occidente, fundada en el s.XIII. El coro de niños cantores en esas fechas estaba de vacaciones.
Tampoco pudimos contemplar la imagen de la Virgen de Montserrat (talla románica del s.XII en madera de álamo) con la peculiaridad de tener negras la cara y las manos siendo el resto dorado (se le llama por ello popularmente la Moreneta). Había una cola importante de gente para presentarle sus respetos y no teníamos todo el día porque estábamos limitados por el horario de tren de vuelta a Barcelona.

A la salida de la basílica fuímos a comer al Restaurante Abat Cisneros ubicado en las antiguas caballerizas (s.XVI) con una bóveda de piedra y paredes de roca (hay otro, el Montserrat, en la planta inferior del Mirador dels Apòstols con precios más económicos y con vistas espectaculares). Afortunadamente sabían del tema de la celiaquía y nos indicaron los platos que podía tomar Javier, incluso le ofrecieron la posibilidad de hacerle una selección de verduras a la plancha (no estaba en el menú). Para los postres nos indicaron que la crema catalana (postre que tenía interés por probar nuestro hijo) estaba preparada con otra marca distinta a la maizena y nos recomendaron, para no tener problemas, optar por otro postre, un flan de huevo casero y muy rico.



La tarde nos invitaba a conocer el entorno del monasterio. Decidimos utilizar el funicular que bajaba al camino llamado Rosario Monumental de Montserrat por llevar hasta la cueva en la que se apareció la Virgen por primera vez (a lo largo de este itinerario hay varios motivos escultóricos religiosos dedicados al rosario) y que llaman Santa Cueva de Montserrat. Esta vía fue construída entre finales del s.XVII y principios del s.XVIII gracias al mecenazgo de la marquesa de Tamarit. Las esculturas se erigieron posteriormente dentro del movimiento artístico llamado modernismo catalán (finales del s.XIX y principios s.XX) y entre otros contribuyeron Gaudí(también trabajó en el ábside del monasterio y dibujando el Camarín de la Virgen a las órdenes del arquitecto Francisco de Paula del Villar y Lozano), Puig i Cadafalch o Josep Llimona.



No queríamos dejar sin ollar la parte alta de la sierra y para ello subimos desde la plataforma del monasterio y en un segundo funicular, el llamado de Sant Joan, hasta la cresta de estas montañas. Justo en el edificio que corona este funicular tenemos una exposición en la que nos describen el origen geológico de la zona, interesante ver cómo ha evolucionado desde ese punto de vista.



Toda la zona alta está acondicionada para andar sin problemas por un camino ancho y bien conservado podemos seguir tanto hacia el lado izquierdo siguiendo la línea de cumbre como hacia el lado derecho que nos lleva hacia las hermitas de Sant Joan y Sant Onofre (construídas entorno al año mil) por encima de los mil metros de altitud.Gracias al Patronat de la Muntanya de Montserrat se han rehabilitado ya que su estado era ruinoso, de hecho, se llegó a utilizar el lugar como merendero poco cuidadoso con los restos de las hermitas.




En la página del centro de reservas de montserrat tenemos un pequeño resumen de todo lo que nos podemos encontrar en el entorno de este, por otra parte, Parque Natural(desde 1987).

La hora de volver llegaba a galope y había que descender hasta el monasterio y bajar de nuevo en el tren cremallera hasta Monistrol para volver a la Ciudad Condal.
No había tiempo para visitar el Museo o deleitarse más tranquilamente con lo que queda del monasterio gótico. En fin, otra vez será.



sábado 29 de noviembre de 2008

Notas sobre Barcelona (y II)

El cansancio acumulado del día anterior se puso en evidencia cuando nos costó iniciar esta segunda jornada. Acudimos a última hora al desayuno que nos ofrecía el hotel (con nuestro pan bajo el brazo porque, aunque había algún producto sin gluten, no había mucha variedad para escoger).
Este día se presentaba con amenaza de tormenta y, efectivamente, cayó un chaparrón que coincidió con el momento de espera del autobús turístico. Tocaba disfrutar de su recorrido marcado en rojo en el mapa de referencia que nos habían proporcionado el día anterior (hay posibilidad de comprar billete para uno, dos o más días).
Entre los atractivos, y son muchos los que tiene Barcelona, es inevitable hablar de la Sagrada Familia . Tanto si uno es religioso o no, merece la pena acercarse a contemplar esta inacabada, por el momento, obra de arte de la arquitectura universal. Por algo está incluído el conjunto que realizó personalmente Gaudí en el Patrimonio mundial de "Obras de Gaudí" desde el año 2005.




La llegada a las inmediaciones del monumento nos anunciaba una inevitable actividad comercial entorno al templo. Teniendo en cuenta el bochorno y calor del día "mercadeamos" unas botellas de agua y echamos un primer vistazo a la fachada de la Pasión.

Para describirla podemos acudir al propio Gaudí ( ver wiki):

Alguien encontrará esta puerta demasiado extravagante; pero yo querría que haga miedo, y para conseguirlo no ahorraré el claroscuro, los motivos entrantes y salientes, todo lo que resulte de más tétrico efecto. Es más, estoy dispuesto a sacrificar la misma construcción, a romper arcos y a cortar columnas para dar idea de lo cruento del Sacrificio”.



En la entrada pudimos constatar que hasta las cuatro de la tarde no tendríamos posibilidad de hacer una visita guiada en castellano. Así que nos dedicamos a buscar un sitio donde poder tomar una comida más o menos ligera. Al pasar con el autobús turístico habíamos visto un pequeño restaurante en la plaza que hay frente a la fachada del Nacimiento. Tenía terraza y ofrecían platos combinados. Todo un espectáculo comer y, a la vez, poder contemplar entre las ramas de los árboles la silueta del famoso templo.
La cocinera y dueña del local, cuyo apodo era "la maña", por ser de Zaragoza (aunque llevara viviendo en Barcelona más de cuarenta años su acento seguía enraizado en su tierra natal), se interesó por el problema de la celiaquía (carecía de información sobre el tema) y nos explicó con detalle cómo hacía cada plato.

De vuelta en la entrada y a la hora prevista pudimos disfrutar de las explicaciones de la guía, muy simpática y atenta, que se ofrecía a disipar cualquier duda sobre su exposición o del conjunto arquitectónico. Como en todos los grandes lugares conocidos había bastante gente a esas horas, pero no era difícil moverse.



Nos habló de la fijación que tenía Gaudí por imitar a la naturaleza, de ahí el tipo de arquitectura que manejaba, con formas tomadas de las secuoyas (como los arcos de la fachada de la Pasión), el recuerdo de otras formas arborescente en el interior o la inclusión de animales en la decoración. Incluso el perfeccionismo llevaba a buscar un tipo de roca muy dura y resistente, fuera de nuestras fronteras, para hacer algunas columnas como es el caso del pórfido rosado.



Llegamos a la fachada contraria a la de nuestra entrada,la del Nacimiento, y volvimos a perdernos entre sus detalles. Luego, debajo, nos encontramos en el museo con maquetas que preparaba el autor de la Sagrada Familia y bocetos muy precisos de cómo quería cada detalle, cada estatua. Un detallismo que no dice mucho de su forma de ser y de la pasión que puso en este trabajo.



Después de caer en la tentación de comprar algún recuerdo, volvimos a coger el autobús turístico, el cielo amenazaba de nuevo con alguna tormenta, pero aguantó y pudimos contemplar sin problemas la panorámica de las calles desde el segundo piso. Nuestro objetivo era el Parque Güell. La empinada calle desde la parada del bus hasta la entrada del parque nos recibía con el comercio habitual de mercaderías relacionadas con el sitio.



La entrada ya nos daba una idea del típico estilo de Gaudí.Tanto su puesta en escena de la arquitectura como de la decoración nos llevan de nuevo a su obsesión por tomar las formas de la naturaleza. Aquí, entre las propuestas del autor, tenemos la utilización de piezas de desecho de cerámica para crear combinaciones originales: el toque personal dentro de la arquitectura modernista, lo que se llama "trencadís". Al pasar la entrada en la que están los pabellones tenemos la escalinata que nos lleva hasta la Sala Hipóstila o de las cien columnas.



Si continuamos subiendo, llegamos a lo que es el centro del parque: una plaza enorme en la que llaman la atención los bancos con formas sinuosas que hay a lo largo de lo que podríamos llamar la varandilla de un balcón que nos presenta Barcelona a nuestros pies (también resaltar el hecho de tener esta enorme área sin losas, supongo que para no añadir más peso sobre la base que es la Sala Hipóstila). Podemos añadir a este espectáculo los viaductos y caminos porticados, entre ellos el típico llamado Pórtico de la Lavandera (por tener una de las columnas con una estatua dedicada a este oficio) que recorren el parque y que de alguna manera tratan de distribuir tanto a viandantes como a los carruajes de entonces.



Las fuerzas ya iban tocando a retirada, poco a poco, fuímos dejando atrás este mundo de sensaciones y "embarcamos" de nuevo en el autobús y, luego, en "metro" con destino a la siguiente parada: El establecimiento Viena junto a la Plaza de Cataluña. Después de la estupenda experiencia del Conesa queríamos probar más posibilidades. En este caso el local tiene más mesas y espacio. La presentación sigue el mismo estilo que la organización de un "McDonald´s" o un "Burguer King". De nuevo pudimos comer a gusto y con ganas.

En nuestras idas y venidas nos encontramos cerca de nuestra "posada" con un establecimiento de productos artesanos sin gluten: Dietética Gloria (Tel.93 329 92 51); C/Entença 175-181. Pudimos comprobar que había una variedad de preparados que envidiábamos a los celíacos de la ciudad. Encargamos distintos productos para poder degustarlos y disfrutar de opciones distintas a las que tenemos habitualmente. No se planteaban un negocio más allá de Barcelona porque, de momento, no daban a basto (por algo será). Podemos encontrar su referencia en celiacscatalunya.